Sexto cuento para el
I Rally Metropolitano de escritores
Pauta: Cuento infantil sobre
la recolección de basura

Pablo volaba muy muy alto por el cielo estrellado cuando escuchó un extraño barullo que lo hizo descender a su butaca. Inquieto, salió del Planetario del Parque del Este y se encontró de frente con el alboroto. Personas y animales reclamaban ruidosa y desordenadamente.

Curioso, le preguntó a la tortuga qué pasaba. "A c o n t e c e __q u e__l o s __m o n o s __d e__h u e l g a__s e__e n c u e n t r a n...", respondió con lentitud. Agradeció la respuesta y se hizo paso entre serpientes y ovejas, entre rinocerontes y camellos. "¿Por qué están de huelga los monos?", preguntó esta vez a la pantera, que respondió misteriosa y refinada: "No lo sé, mas es de mi conocimiento que muchos animales afirman irse si los monos continúan con la huelga".

Las protestas se hicieron más ensordecedoras, por lo que Pablo sintió necesidad de intervenir. "Alto", pronunció, pero los gruñidos y aullidos, los bramidos y bufidos proseguían con fuerza. "¡Alto!", gritó esta vez. El silencio le permitió preguntar a los monos qué ocurrió.

Los monos muy gestuales expusieron con formalidad inesperada: "No aguantamos más. Sabemos que los niños y adultos nos valoran, pero no estamos dispuestos a soportar más la contaminación a la que nos exponen. Botellas, servilletas, latas y envolturas son de los objetos que diariamente nos arrojan. Si no aprenden y cambian nuestras condiciones, no continuaremos con nuestros actos de acrobacia."

"Ni nosotros con nuestros recorridos atemorizantes", protestaron los tigres.
"Ni nosotros con nuestro espectáculo de trompas", se alzaron los elefantes
"¡Ni nosotros con nuestros cantos!", dijeron a coro las aves
Y volvió la algarabía.

Pablo pensó y dio con la idea. Llamó a la calma y con perseverancia logró la atención de todos y exclamó: “Si el problema es la basura, ¡por qué no todos hacemos algo por limpiar y por evitar la contaminación!”








Tras el prolongado silencio que sucedió a la frase, un colibrí muy verde descendió vistosamente de un árbol hasta la grama. Recogió con su largo pico un globo roto y la depositó en el cesto de basura. Una serpiente cascabel se aproximó con velocidad a Pablo, y reunió con su cuerpo tres botellas cercanas a sus pies. Nadie lo notó, pero un pequeño escarabajo empujó una colilla al cúmulo dejado por la tintineante serpiente.

Poco a poco cada uno ayudó como pudo. Mientras las personas dibujaban y pegaban carteles por el parque, las jirafas alcanzaban los papagayos que se habían depositado en los árboles, y los elefantes aplastaban con sus enormes patas las latas que las nutrias les acercaban.

Los leones con soplidos de sus fuertes rugidos desplazaban los cúmulos de desperdicios que afanosamente las garzas, ayudadas por los patos, recogían en bolsas. Por su parte, los monos, hábiles con las manos, anudaban con rapidez las bolsas que Pablo y los niños organizaban y sacaban del parque.

Con el esfuerzo de todos, el parque se despojó de residuos y recobró su esplendor. Los monos, alegres, regresaron a su espacio y realizaron sus mejores acrobacias. Las focas dieron sus más memorables presentaciones, los hipopótamos flotaron por mayor tiempo y las serpientes agudizaron especialmente su ardiente mirada.

Igualmente, las tortugas aparentaron más vejez y los elefantes, erguidos se vislumbraron aún más grandes. Los pavosreales intensificaron los tonos de su abanico y los leones rugieron como nunca habían escuchado los oídos de Pablo, quien, contento, tomó la resolución de asear más lugares para llenarlos del color, la alegría y la vida que se habían derramado sobre el querido parque.