Recorrido
5/16/2010 03:02:00 p. m.
Publicado por Gabriela Valdivieso
Trigésima segunda
Tema: "Pauta libre"
Tema: "Pauta libre"
Muy arriba, donde los cielos pincelan su espacio y las estrellas cantan su luz, un conjunto de ánimas esperan. Les han solicitado presencia y quietud. Brillante, una voz invisible, la más dulce perceptible, expuso:
Estimadas, dichosas almas, están ustedes ante una propuesta. Deberán tomar la más grande decisión posible y pensable. Es importante que asuman que no hay mejor respuesta que la que tomen.
No es fácil de entender, atiendan bien: Están habilitados para continuar aquí cuanto gusten, bebiendo el elixir de la totalidad, conviviendo en mi cercanía y gozando de la atemporalidad. Mas los invito también a lanzarse a una experiencia distinta. Ardua y gozosa, penosa como gloriosa. Angustia y euforia a la vez misma. Los invito a dejar la inmaterialidad y animar un cuerpo. Los invito a experimentar nuevos contextos y a manejarse en ellos. A asumir el riesgo de viajar muy lejos, y hacer, impulso a impulso, su recorrido de vuelta. Recompensas como castigos tendrán, dependiendo de su obrar, de su lealtad para con la verdad y el bien. La invitación, opcional y libre, es… lanzarse al ser limitado.
En el no tiempo, ni antes ni después, algunas almas titubeantes declinaron la propuesta. Otras, listas y ávidas, alzáronse rumbo al sí. Una a una, contactadas con el Todo, se disponían a sustraer el hilo vital. La que estaba entre una y otra, aguardaba su turno. Llegado, rozó la totalidad y se derramó hacia el mundo. Sentidos. Emociones. Razón. Después de una nalgada, todo se compuso entre los brazos de una mujer que llora y observa fascinada.
"Carolina Duarte" tuvo por etiqueta. Rodeada en rosa, en calor y luz incandescente, abría espacio entre el aire, a la vez respirándolo. Desfilaban en su futuro pañales, eructos que lucharían por salir, sin fin de imágenes y fonemas incomprensibles, balbuceantes intentos de pronunciación, extremidades gateantes. Llegaban compotas, chupetas, gomitas, donas y pizzas que devorar.
La esperaban hormigas que aplastar, almohadas que morder, piedras que hacer surcar en el agua, llamadas telefónicas por hacer, rimen y tacones por usar. Estornudaría, se quitaría los mechones de la cara, robaría un lápiz, cruzaría en amarillo, diría mentiras blancas y oscuras.
Odiaría, envidiaría, engañaría, descubriría mentiras, se despecharía, lloraría siete muertes, pelearía, sobrellevaría fracasos, sería robada, caería en tentaciones, sería despedida, así como jugaría, sentiría cosquillas, bailaría, celebraría el éxito de su equipo predilecto, devoraría chocolates, se enamoraría hasta el desvelo, estudiaría, desempeñaría sus ambiciones.
Plancharía, usaría cuarenta y cinco mil isopos, se lavaría los dientes, recibiría vueltos, marcaría cincuenta y siete mil botones de ascensor, se amarraría las trenzas, tomaría yogurt en el metro, se enjabonaría las axilas, se mordería las uñas, abrazaría treinta y dos mascotas, cambiaría las bolsas de basura, apagaría dvds, haría dietas, tomaría ciento siete aspirinas, tomaría leche y usaría cuatroscientos rollos de papel higiénico.
Todo esto haría. E hizo. Luego, veintiséis cumpleaños después, entrelazada con el receptor de su amor, sin intermediarios, motivaría, sin saber, una renovada invitación a las almas expectantes, allá, muy arriba, donde los cielos pincelan su espacio, las estrellas cantan su luz, y la vida espera ser vivida.
Conexiones mentales del niño-joven
5/03/2010 02:59:00 p. m.
Publicado por Gabriela Valdivieso
Trigésimaprimera pauta
Tema: "Ani-ver-sorio. Versiones de otros"Link original en Letras a litros
Tema: "Ani-ver-sorio. Versiones de otros"Link original en Letras a litros
“Cuando crezca quiero vivir en una casa grandota con cinco habitaciones y cuatro baños, (quiero) que haya un lago atrás en el patio donde tenga que explicarle a mis hijos que los patos se fueron a pasar el frío al sur.”Aunque por ser el más pequeño de la casa, siempre fue consentido, contaba igualmente con una pena que sólo entienden y padecen los niños nacidos en fechas decembrinas: recibir los regalos de cumple y de navidad al mismo tiempo, dos en uno. Pero este pequeño contó con la carga adicional de no poder quejarse porque, después de todo, la vida le echó una broma inexorable: conocer la luz el día de los inocentes. 28/12. Vaya gracia.
Pero eso es tan sólo una parte de la infancia. De chiquito, cuando creía que era hijo de una familia extraterrestre, pero que sus padres humanos se lo ocultaban, entendía “hogar” como la ciudad del auge del Libertador. Luego, con la mudanza familiar a la arena y el mar, dibujaba su casa como un Paraguas Estornudador. Siempre pensó, ya de grande, que sus orígenes se sintetizaban en Bolívar debajo de un Paraguas, achí.
Durante su crecimiento vio en sombreros, boas engullidoras de elefantes. Siempre observador, encontraba timbres minúsculos, relacionaba puertas de discos con las de supermercados, encontraba cangrejos camuflados entre las rocas y veía mejor que los pelícanos los peces que saltaban las aguas.
En estos años de ñerismos, de “lapeós” y “miiis”, comió muchas empanadas de cazón en compañía de unos cuantos perros playeros. Aprendió igualmente a sonreír y a arrugar la cara, sellos personales que hoy lo acompañan.
Hoy ya va para cinco años en Caracas y aún siente vértigo por los carros que pasan arriba y abajo por doquier. Vértigo igual de fuerte por lo sucia, en varios sentidos, que es la ciudad, y por la deuda social que salpica a todos de “cosita”, esa tataranieta de la tristeza, con una pizca de hipocresía que se siente al ver una persona sin recursos, humillada en el oficio del que predica algo como: “su moneda me salvará, señor”.
Y aunque lo acaban de dejar sin celular y con desprecio por Caracas, él ya no es sólo de Ciudad Bolívar y de Paraguachí, el Paraguas enfermo, también es, un poco, caraqueño. Tiene una novia artista y espléndida, también capitalina, y tiene en su carrera, por la que siente lo que denomina “pasión interna”, una profesora que admira, Kosak, que es autora de un libro que habla de los latidos de su tercera ciudad.
Hoy el niño-joven usador de gorros sobre cabelleras a veces largas, a veces cortas, se ocupa terminando su tesis, pero también jugando con yesqueros, aplaudiendo, haciendo burbujas y jugando con pitillos.
Por suerte para el mundo, todas estas características no las comparte sólo a través de su obrar, sino también, gracias Universo, de su escritura.
Encuentra el modo de ser además de fresco en la vida, franco en las letras. Con la motivación de escribir para decirse a sí mismo que existe, obsequia sus observaciones. Regala las imaginaciones y comprensiones de su mente de modo mezcladito, siempre hilado, con ritmo apurado y enumeraciones graciosas.
Y es que el estilo del gestado el día de los inocentes es rendir honor a su día. Es gozar de la sensibilidad necesaria para seguir jugando y seguir intentando entender y conciliar. Es explorar la realidad con idealismo y asomar en la ficción la autoconciencia.
Así, directo desde las conexiones mentales de su cabeza hacia el mismísimo mundo entero, el niño-joven Moisés Lárez entrega sus pensamientos, recién salidos del tostador.
Con esta filosofía de vida, goza de una fortuna que palpa y agradece: “quién más iba a ser feliz, sino yo mismo”. ¿Y quiénes más agradecidos que nosotros, de participar de sus circuitos mentales a través de sus códigos lingüísticos?
Por qué
4/27/2010 02:55:00 p. m.
Publicado por Gabriela Valdivieso

Tras el largo recorrido, cansadas las piernas, agitado el ánima, di con Sus Ojos.
Pregunté, tan serena como pude, por qué es más fácil desordenar que cuidar, dañar que arreglar, en definitiva destruir que construir.
Con un susurro envolvente: "Porque es más fácil morir que vivir."
Vuelta a casa, aún levitaba.
DIEZ COMPRENSIONES PARA ALCANZAR EL LOGOS
4/01/2010 02:51:00 p. m.
Publicado por Gabriela Valdivieso
Vigesimaséptima pauta
Tema: "Decálogo"Link original en Letras a litros
Tema: "Decálogo"Link original en Letras a litros
La esencia de la verdad se encuentra
en su resistencia a ser ignorada
Charles Sanders Peirce
Nacidos, lanzados al cosmos, conscientes o inconscientes, nos hemos enfrentado al desconocimiento. Obligados a pensar, experimentamos e interpretamos nuestra situación. Somos, pues, por vivientes y pensantes, filósofos, pero lo somos más si el ímpetu del deseo de entender nos enciende. De ser así, la invitación, expuesta a través del siguiente decálogo, es seguir encendidos para iluminar e iluminarnos.
I. De puntillas: Captar la mundanidad y trascenderla
Rumbo al trabajo o durante la jornada laboral es fácil perderse, olvidar, ignorar. Es fácil navegar en el Metro sin ver ni oír gracias a los mejores audífonos. Es fácil interrumpir una conversación por un mensaje de texto emergente. Es fácil caminar más rápido, a pesar de no ir al mejor lugar.
Alzar la cabeza, aunque difícil, es posible y, cada vez más, inevitable. En el actual contexto, en instantes, en atardeceres, en miradas, en sacudones dejemos colar esa percepción espontánea de que algo nos falta, de que hay mucho que pensar y descubrir.
II. Maravillarse ante la complejidad: Captar lo inagotable e infinito de la realidad
Aludiendo a la metáfora platónica, tenemos la posibilidad de desligarnos de salir de la cueva de la ignorancia y ver las luces. Podemos, si lo deseamos y lo buscamos con pasión y perseverancia, encandilarnos con la verdad. Para ello es preciso mirar distinto, alejarse de las interpretaciones corrientes y mirar desde el asombro. Salirse de la sombra y admirarse. Es este el motor o principio del camino al logos.
III. Cultivar el des-interés: Apertura de un pensamiento libre, sin compromisos ni metas preestablecidas
Unos lentes negros mostrarán un contexto oscuro. Una mano enguantada palpará un mundo sin texturas. Igualmente, una mente con premisas captará comprobaciones o negaciones de su ideario, no así la verdad. Ella sólo se des-cubrirá de sus ropajes ante las mentes igual de desnudas y abiertas. Dado al ámbito de libertad en que se mueve, la filosofía exige una apertura incondicional, total.
IV. Moverse por el amor al saber: Comprometerse y entregarse sin condiciones ni miramientos
La verdad coquetea con nosotros sólo si no tenemos otro fin que alcanzarla y conocerla, si no nos anima más que el amor a ella. Con amor nos aproximamos, sin él tropezamos, dado que con amor se estiman los sacrificios y los compromisos y se asumen plenamente con intimidad, tiempo y voluntad.
V. Sí se puede conocer: Desde la realidad
A veces nos desesperamos por la ausencia de certeza, a veces nos paraliza la duda, pero siempre nos reanimamos y continuamos porque tenemos algunas ventajas y ayudas: Caminamos sobre una realidad abierta y estamos equipados de nosotros mismos. Tenemos espacio y capacidad para albergar la verdad, y tenemos un entendimiento capaz y activo entrenado para captar y decodificar o interpretar esa realidad unívoca, externa, expectante.
VI. Cultivar la curiosidad y la formación intelectual y personal
La invitación y exigencia de la filosofía consiste en asombrarse y ver incógnitas, en desechar la pasividad y fomentar la actitud crítica y suspicaz. La plena vitalidad del espíritu consiste en la capacidad de ser curioso de problemas, ser buscador de posibilidades y respuestas. Pero no basta con activarse y encarar la complejidad, es preciso gestar y fomentar una formación para ver y dar con los fundamentos de las impresiones.
VII. Asumir la creación continua: Conocer y valorar la historia
Todo hombre, aunque nuevo en el mundo, no se enfrenta a un mundo nuevo. Nuevos nosotros (colectiva y personalmente), el mundo nos precede y nos explica. Lo precedente, la historia, más que una información de interés, es una causa formal, un aporte esclarecedor sobre la esencia y la identidad.
VIII. Esfuerzo sostenido: Calma y perseverancia en método y acción
La verdad pide a su buscador humildad y claridad para comprender que no es posible un éxito total, dadas las capacidades intelectuales humanas o limitadas; y fuerza y entereza para luchar y perseverar con ímpetu continuo para no desistir y caminar, tramo a tramo, el gratificante camino ascendente.
IX. Puesta en común: Comunicar y poner en diálogo la verdad
Así como el conocimiento, que no puede gestarse en el aislamiento, tampoco puede conservarse de este modo. El contexto es a la vez fuente y receptor de conocimientos, por ello todo filósofo tiene por misión, además de basarse en la realidad, de-volver-se hacia ella.
X. Vivir en la verdad
Nuestra vida nos es dada, pero no nos es dada hecha. Nos encontramos en ella de pronto sin saber cómo y sin saber qué hacer. Independientemente de la época, la cuestión filosófica central es la de cómo vivir. Filosofar es en este sentido inicio y término de la mayor búsqueda: la felicidad.
La necesidad de comprender y comprender-nos motiva una búsqueda cuyos resultados inciden en la realidad interior. Esto se debe a que la verdad es inherente a la intimidad y compromete al hombre por completo. Conscientes de una verdad, no podemos evitar su influencia, su carácter dinamizante, y no debemos tampoco intentarlo porque esta disposición vital, este derecho y bien invaluable es también un servicio del buscador. Vivir de acuerdo a los conocimientos alcanzados es un compromiso y un derecho.
Mala hora para decaer
2/03/2010 08:02:00 p. m.
Publicado por Gabriela Valdivieso
Vigésimatercera pauta
Tema: "Última reflexión"
Son las cinco y dieciséis. Tararea mientras cocina cuando, paso en falso, cae y se apaga.
Siguen siendo las cinco cuando entra en sí. Escucha a una distancia extraña –lejana e íntima- una sirena. Abre los ojos y girándolos desesperadamente capta su estado: paciente de enfermeros, va rumbo al hospital en el aparato blanco.
Pero va al hospital, nota de inmediato, en pleno tráfico de las cinco pasadas. Razona, infame conciencia, su posición. Ella, posada sobre la camilla está detenida a metros del pavimento en una espera que sabe larga.
Reconoce su ubicación gracias a la evocación del hospital y de la ruta siempre escogida por su familia. Por ello Los Ruices. Los horrores de Los Ruices. “¿Por qué no Los Roques?, ¿por qué no los aires?”, delira.
Tras aceleraciones y frenazos, giro pronunciado “¡La autopista!”, concede en lucidez. Acción. Ruido frenético de sirenas y cornetas. Aceleración. Bamboleo. Frenazo y activación. Bamboleo. Detención. Detención de instantes, de segundos, de minutos, de “¡siglos, muero!”.
Detención. Ruido. Dolor.
“¿Qué será, a qué me enfrento? ¿Poca colaboración de otros conductores?, ¿sería posible? ¿Un choque, accidente, algo que podamos pasar en algún punto?, ojalá. ¿Tráfico infinito, inevitable?, lo más, lo más...”
Detención. Ruido. Presión.
“¿Cómo podría, acaso podría evitarse, cómo podría salvarme? Ahora, esperar. Luego, mañana, ¿cómo, por dónde, qué hacer, qué proponer?, ¿las emergencias por hombrillos mayores, nuevos? Siempre propensos a abusos. ¿Por un canal institucional, adicional, de emergencias? ¡Clemencia!"
Detención. Ruido. Desesperación.
"¿Vías subterráneas, bajo este suelo, por las alcantarillas? ¿Por las nubes, por hélices benditas? De aquí a mil años. ¿Por la tierra, con ciclistas, o motorizados? Suspendida entre dos motos, cercana al pavimento en un frenazo, cercana a la ruptura ante descuidados, ¡ah! ¿Hay salida, hay opción? ¿Hay manera de mantenerse acá abajo, en esta vida, sin estar tan abajo, tan paralizada, tan sometida, tan asombrecida, tan sumergiada, tan agrista, tao acabapah taos lobwdc tac wh?”
Exhalación.
Balbuceante expulsa el calor, la calle y la miseria, evocando, como imagen última, el contexto circundante; esa aglomeración incestuosa de carros infinitos, en esa justicia sádica de no prioridades, de voy primero, respira mi estela. En esa cola de seis y tanto y tanto para adelante y tanto para matarte.
Inhalación.
No suya. De una conductora cercana. Silenció la radio ante lo presenciado. El rojo vivo de la sirena se opacó, la estridente canción cesó. La ambulancia, discreta, se hizo a un lado. Dejó el centro de la vía y tomó su lugar en el gusano infinito de un canal. Ella respiró profundo, pero no tanto. Tendría que postergar su reflexión para evitar que se le metieran la Blazer y el Aveo, abusadores-infelices-impresionantes que asumen como suyo el recorrido de la ambulancia para aventajar, a costa y costilla de todos.
Pero luego se acordó y pensó con seriedad en Irlanda o Suiza.
Siguen siendo las cinco cuando entra en sí. Escucha a una distancia extraña –lejana e íntima- una sirena. Abre los ojos y girándolos desesperadamente capta su estado: paciente de enfermeros, va rumbo al hospital en el aparato blanco.
Pero va al hospital, nota de inmediato, en pleno tráfico de las cinco pasadas. Razona, infame conciencia, su posición. Ella, posada sobre la camilla está detenida a metros del pavimento en una espera que sabe larga.
Reconoce su ubicación gracias a la evocación del hospital y de la ruta siempre escogida por su familia. Por ello Los Ruices. Los horrores de Los Ruices. “¿Por qué no Los Roques?, ¿por qué no los aires?”, delira.
Tras aceleraciones y frenazos, giro pronunciado “¡La autopista!”, concede en lucidez. Acción. Ruido frenético de sirenas y cornetas. Aceleración. Bamboleo. Frenazo y activación. Bamboleo. Detención. Detención de instantes, de segundos, de minutos, de “¡siglos, muero!”.
Detención. Ruido. Dolor.
“¿Qué será, a qué me enfrento? ¿Poca colaboración de otros conductores?, ¿sería posible? ¿Un choque, accidente, algo que podamos pasar en algún punto?, ojalá. ¿Tráfico infinito, inevitable?, lo más, lo más...”
Detención. Ruido. Presión.
“¿Cómo podría, acaso podría evitarse, cómo podría salvarme? Ahora, esperar. Luego, mañana, ¿cómo, por dónde, qué hacer, qué proponer?, ¿las emergencias por hombrillos mayores, nuevos? Siempre propensos a abusos. ¿Por un canal institucional, adicional, de emergencias? ¡Clemencia!"
Detención. Ruido. Desesperación.
"¿Vías subterráneas, bajo este suelo, por las alcantarillas? ¿Por las nubes, por hélices benditas? De aquí a mil años. ¿Por la tierra, con ciclistas, o motorizados? Suspendida entre dos motos, cercana al pavimento en un frenazo, cercana a la ruptura ante descuidados, ¡ah! ¿Hay salida, hay opción? ¿Hay manera de mantenerse acá abajo, en esta vida, sin estar tan abajo, tan paralizada, tan sometida, tan asombrecida, tan sumergiada, tan agrista, tao acabapah taos lobwdc tac wh?”
Exhalación.
Balbuceante expulsa el calor, la calle y la miseria, evocando, como imagen última, el contexto circundante; esa aglomeración incestuosa de carros infinitos, en esa justicia sádica de no prioridades, de voy primero, respira mi estela. En esa cola de seis y tanto y tanto para adelante y tanto para matarte.
Inhalación.
No suya. De una conductora cercana. Silenció la radio ante lo presenciado. El rojo vivo de la sirena se opacó, la estridente canción cesó. La ambulancia, discreta, se hizo a un lado. Dejó el centro de la vía y tomó su lugar en el gusano infinito de un canal. Ella respiró profundo, pero no tanto. Tendría que postergar su reflexión para evitar que se le metieran la Blazer y el Aveo, abusadores-infelices-impresionantes que asumen como suyo el recorrido de la ambulancia para aventajar, a costa y costilla de todos.
Pero luego se acordó y pensó con seriedad en Irlanda o Suiza.
Estafa de chinos
1/19/2010 08:10:00 p. m.
Publicado por Gabriela Valdivieso
Vigésimasegunda pauta
Tema: "Última reflexión"
(ojos cerrados, mente abierta)
En un bote en el medio de la nada estaban los dos sujetos que vi que se habían escapado de los amarillos. Con mi amiga nadé hasta allá y subimos a las maderas flotantes. Uno de ellos se mantenía callado, inquietante. El otro contaba, emocionado, su escape: “Me camuflé con la ‘g’ gigante de ‘Kellogs’ y, pasados los enemigos, empujé la valla conmigo arriba hasta hacerla caer. La surfié por los aires y, próximo al suelo, salté. Fue onírico, fue un salto normal que escapó de un gran impacto. Volví a saltar por el rebote de la valla y listo, ni una ‘y’ de rasguño. Corrí y halé a Bob, tomamos este bote y voilá".
En un bote en el medio de la nada estaban los dos sujetos que vi que se habían escapado de los amarillos. Con mi amiga nadé hasta allá y subimos a las maderas flotantes. Uno de ellos se mantenía callado, inquietante. El otro contaba, emocionado, su escape: “Me camuflé con la ‘g’ gigante de ‘Kellogs’ y, pasados los enemigos, empujé la valla conmigo arriba hasta hacerla caer. La surfié por los aires y, próximo al suelo, salté. Fue onírico, fue un salto normal que escapó de un gran impacto. Volví a saltar por el rebote de la valla y listo, ni una ‘y’ de rasguño. Corrí y halé a Bob, tomamos este bote y voilá".
Pensaba en el nombre ‘Bob’ como etiqueta para ese hombre cuando subieron, ¡oh!, los amarillos. Los chinos habían vuelto y ahora yo debía escapar. Surfear, nadar, ahhhhh.
Siempre lo mismo: oficinas recubiertas, vías largas, sobres grandes y hoy; estafa de chinos.
Es raro. Pero en mis sueños no aparecen las cosas ni la gente que amo. No mi familia, no mi amor, no los amigos de mi alma, no la gente que me ha hecho crecer. No textos, no suéteres, no pelotas que rebotan, tampoco diarios, ni potes inmensos de Nutella.
Me he consolado pensando que no aparecen en mi inconsciente porque están muy en mi consciente, pero no era suficiente.
Entonces lo razoné, ¿para qué tenerlos en sueños si los tengo en la realidad? Escogería una y mil veces tenerlos cerca que vaporosos y desordenados, como esas imágenes propias de los mundos de los ojos cerrados y la mente abierta.
Quedé contenta con mi razonamiento hasta que, ay, me adelanté a los hechos y pensé que quizás con la distancia a mis amores y a mi país que se aproxima a mí, quizás entonces los soñaré más.
Entonces volví a mi congoja. La de no tenerlos cerca y más cerca. En mi mente y a mi alrededor. Deseé cerrar los ojos para pensar en sobres grandes y árboles caminantes para reemplazar este pensamiento, por cualquier otro.
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