Roberto dijo que no era más que un hombre con rasgos similares o uno que lucía como él para imitarlo y trabajar en ferias y eventos. Yo le dije que no, que era él y que estaba haciendo las compras anticipadamente para reponerse del agite del 24.


Eso reafirmé porque en uno de los minutos mirándolo desde el puesto de las flores, me guiñó un ojo. Yo le digo a Roberto que es revelador, pero la verdad es que luego pensé que quizás, más que una seña para mí, el gesto fue consecuencia de la incomodidad de sus ojos ante el ataque de mosquitos térmicos que suele enviarle su enemigo en estas fechas.