Vigésimatercera pauta
Tema: "Última reflexión"

Son las cinco y dieciséis. Tararea mientras cocina cuando, paso en falso, cae y se apaga.

Siguen siendo las cinco cuando entra en sí. Escucha a una distancia extraña –lejana e íntima- una sirena. Abre los ojos y girándolos desesperadamente capta su estado: paciente de enfermeros, va rumbo al hospital en el aparato blanco.

Pero va al hospital, nota de inmediato, en pleno tráfico de las cinco pasadas. Razona, infame conciencia, su posición. Ella, posada sobre la camilla está detenida a metros del pavimento en una espera que sabe larga.

Reconoce su ubicación gracias a la evocación del hospital y de la ruta siempre escogida por su familia. Por ello Los Ruices. Los horrores de Los Ruices. “¿Por qué no Los Roques?, ¿por qué no los aires?”, delira.

Tras aceleraciones y frenazos, giro pronunciado “¡La autopista!”, concede en lucidez. Acción. Ruido frenético de sirenas y cornetas. Aceleración. Bamboleo. Frenazo y activación. Bamboleo. Detención. Detención de instantes, de segundos, de minutos, de “¡siglos, muero!”.

Detención. Ruido. Dolor.

“¿Qué será, a qué me enfrento? ¿Poca colaboración de otros conductores?, ¿sería posible? ¿Un choque, accidente, algo que podamos pasar en algún punto?, ojalá. ¿Tráfico infinito, inevitable?, lo más, lo más...”

Detención. Ruido. Presión.

“¿Cómo podría, acaso podría evitarse, cómo podría salvarme? Ahora, esperar. Luego, mañana, ¿cómo, por dónde, qué hacer, qué proponer?, ¿las emergencias por hombrillos mayores, nuevos? Siempre propensos a abusos. ¿Por un canal institucional, adicional, de emergencias? ¡Clemencia!"

Detención. Ruido. Desesperación.

"¿Vías subterráneas, bajo este suelo, por las alcantarillas? ¿Por las nubes, por hélices benditas? De aquí a mil años. ¿Por la tierra, con ciclistas, o motorizados? Suspendida entre dos motos, cercana al pavimento en un frenazo, cercana a la ruptura ante descuidados, ¡ah! ¿Hay salida, hay opción? ¿Hay manera de mantenerse acá abajo, en esta vida, sin estar tan abajo, tan paralizada, tan sometida, tan asombrecida, tan sumergiada, tan agrista, tao acabapah taos lobwdc tac wh?”

Exhalación.

Balbuceante expulsa el calor, la calle y la miseria, evocando, como imagen última, el contexto circundante; esa aglomeración incestuosa de carros infinitos, en esa justicia sádica de no prioridades, de voy primero, respira mi estela. En esa cola de seis y tanto y tanto para adelante y tanto para matarte.

Inhalación.

No suya. De una conductora cercana. Silenció la radio ante lo presenciado. El rojo vivo de la sirena se opacó, la estridente canción cesó. La ambulancia, discreta, se hizo a un lado. Dejó el centro de la vía y tomó su lugar en el gusano infinito de un canal. Ella respiró profundo, pero no tanto. Tendría que postergar su reflexión para evitar que se le metieran la Blazer y el Aveo, abusadores-infelices-impresionantes que asumen como suyo el recorrido de la ambulancia para aventajar, a costa y costilla de todos.

Pero luego se acordó y pensó con seriedad en Irlanda o Suiza.