La venganza de la naturaleza

Decimocuarta pauta
Tema: "Axilas mutantes
y una cuerda de saltar"

(que no consistió en terremotos, huracanes ni maremotos. No.)

Por Gabriela Valdivieso

Tras una noche pícara perceptible a través de su luna en cuarto creciente, amaneció el mundo envuelto en purpúreas y densas nubes. La humanidad estaba preocupada. Toda clase de interpretaciones se dieron, mas ninguna se alzó tras el acontecimiento ocurrido a las 10:13 am. Desde esa exacta hora y durante un exacto minuto llovió con fuerza. Mas lo que derramaron las nubes no fueron gotas de agua, sino cuerdas de saltar, cremas desmaquillantes y lechugas.

Profunda conmoción. Las bocas permanecieron abiertas, pero sin el movimiento que implica el habla. La humanidad permaneció silenciosa aterrorizada esperando. Esperando algo.

Segundo día, 10:12, a un minuto del caos.
… 56, 57, 58, 59, ¡¡-----!!
Gritos frenéticos, bocas desencajadas, cejas exageradamente alzadas, manos obsesionadas por cubrir y tapar revelaron la acción: El poder de los cielos se pronunció sin piedad sobre quienes habían modificado sus cuerpos de modos no naturales.

Las bocas operadas se tornaron grotescas y pesadas, sostenidas tan sólo por brazos nerviosos. Las barrigas de quienes se habían sometido a liposucciones crecieron y se hicieron inmensas. Las narices quirúrgicamente perfiladas se explayaron por cachetes. Los implantes crecieron hasta invadir los espacios e inmovilizar a los dueños. Las pieles estiradas cayeron derretidas más allá de las barbillas.

Las axilas modificadas científicamente para no permitir la aparición de pelos ni olores alejaron a los circundantes con insoportables hedores y nauseabundas cabelleras. Los traseros agigantados se hincharon con helio. Los lunares removidos se expandieron y sobresalieron como las rodillas. Los cabellos pintados se blanquearon hasta la transparencia. Los delineadores, rubores, labiales, esmaltes y sombras desaparecieron de las caras y se multiplicaron las supuestas imperfecciones.

De las cuentas de cirujanos plásticos desaparecieron los millones de dólares ganados por el oficio. Las vallas publicitarias de bellezas imposibles se esparcieron sobre las vías.

Crisis, desesperación, gritos hasta el agotamiento. Una vez más, el miedo y el silencio cobijaron la noche. Todos esperaban la hora de los desastres.

Tercer día, 10:13.

Desaparecieron los efectos del día anterior, pero no volvió el mundo a la normalidad. Las bocas operadas no volvieron a su tamaño posterior a la operación, sino al previo. Bocas, barrigas, cabellos, todos ellos tornaron a sus estados naturales. Regresaron los lunares y las arrugas. Regresó la gravedad sobre los senos y los traseros, sobre las pieles y las barrigas.

El mundo no reaccionaba. Esperanzados y temerosos, los hombres esperaron una vez más las 10:13.

10:09… 10:10… 10:11… 10:12…

Nada.

El mundo, como la luna, sonrió.

Muchos criticaron al cielo la fealdad regada. Pero otros, tantos otros, tomaron las cuerdas de saltar y las usaron. Recogieron las lechugas y las consumieron. Levantaron las cremas desmaquillantes. Y las botaron.

Plano contraplano

Decimotercera pauta
Tema: "Autoentrevista"
Link original en Letras a litros

Por Gabriela Valdivieso y Gabriela Valdivieso

–¿Jura decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad?

–Lo juro.

–Procedemos entonces: Señorita Gabriela Valdivieso, ¿un Seven up o una Seven up?

–¿Ah?, ¿que si quiero una Seven up?

–No, listo. ¿Cuál es tu canción favorita?

–¡Ah, ya entendí!, digo una Seven up, no un Seven up. Ajá, um, ¿y una canción? Siempre amé In my head, de No doubt. Es un poco extraño, pero me identifico con la sensación de desconfianza y estrés de la canción. Bueno, y ni hablar del ritmo, es enviciante.

–Ah, ya veo, ¿a qué le temes?

–Al hambre. Pero pensándolo bien no es propiamente al hambre, pues mal que bien se aguanta un poco. Mi aversión es hacia el desconocimiento del momento de comer o hacia la imposibilidad de hacerlo cuando realmente lo necesite. ¿Entiendes? Es algo así como que me llena de ansiedad pensar en quedarme sin comer y sin forma de resolverlo. De allí que siempre tenga alguna galleta María encima y que siempre esté previendo mis próximas comidas. Logro así evitar...

–¿...el miedo al miedo al hambre?

–¡Eso!, ¡eso es exactamente lo que tengo!, me aterra sentir ese terror por sentir hambre.

–¿Alguna curiosidad de tu cuerpo?

(Se muerde la boca) Um... bueno, tengo muchas cicatrices de caídas, ¡ah, pero ya sé! ¿Curiosidades? Tengo un lunar con forma cuadrada en mi barriga. Es conocida en mi familia como mi bistec. Y tengo en la pierna una ¿mancha?, algo así, roja que siempre consideraré mágica. Si la presionas muy muy fuerte desaparece completamente y entonces reaparece sola. ¡Ah, sí! Y mi hermana descubrió que tengo un corazón en la frente, y es que cuando me recojo el cabello se ve clarito. La línea del inicio de mi cabello en el centro de la frente dibuja la parte superior de un corazón, ¿ves? (Se recoge el cabello y muestra lo descrito).

(Risas) ¡Qué curioso! ¿Te identificas con algún personaje?

–Esa es fácil, ¡Amèlie! ¡Toda ella!

–Dime una pasión que tengas.

–Escribir, más, escribirme.

–¿Una adicción?

–La mayonesa (se apena).

(Risas) ¿Y algún tema que te obsesione?

–La verdad.

–¿La verdad?

Vivo pensando y escribiendo sobre ella. Necesito, tarde o temprano, encontrar el modo de explicar al otro satisfactoria y claramente que la verdad es una, aunque las interpretaciones sean miles y aunque la dificultad por conocerla sea inmensa. Más allá de realidades evidentes, las no evidentes son igual de verídicas y tienen igual potencialidad de ser alcanzadas y comunicadas.

–Interesante, oye, veo que mueves mucho las manos, ¿tienes alguna otra costumbre peculiar?

–Sí, muevo las manos más o menos frenéticamente y hablo rápido... Ah, pero podría decirte que tiendo a inventar palabras y mezclar terminaciones. Sí, soy la Comunicadora Social que en su defensa de tesis dijo que la experiencia había sido muy "nutriciosa".

(Risa) ¿Te has imaginado quién podrías haber sido en una vida pasada?
–¡De hecho! Desde cuarto año soñaba con que había sido nada menos que Sócrates, pero luego en la Universidad mi mejor amigo me dio una posible procedencia menos gloriosa: que yo era una lechuga, y que me comieron tan salvajemente que en esta vida no ingiero frutas, verduras o vegetales.

(Risas) ¿De verdad…? Hey, olvidé preguntarte, ¿prefieres el papel lustrillo o el de construcción?

–¿Cómo? (Risas) Bueno, prefiero el lustrillo. Sus colores son más saturados, más fuertes, ¡más vivos!

–¡De hecho! Dime, ¿cuál es tu frase favorita?

–Tengo dos. Siempre me sentí muy cercana a una de Sócrates: "En vez de cárceles, escuelas". Y la otra es de Cesáreo Banderas, analista de la obra Don Quijote de la Mancha, dice: “Cervantes excluye lo sobrenatural porque incluirlo sería negar que la realidad es extraordinaria”. Estaré eternamente conmovida por estas palabras porque las creo desde cada fibra: la realidad es extraordinaria. En todo sentido.

–Espera espera, ¿qué tipo de luz prefieres, blanca o amarilla?

–¿Ah? Da igual. Bueno, no no, mentira. La blanca es genial para leer pero me he acostumbrado a la amarilla, creo que no podría tener todo de blanco. En parte porque duele mucho más la vista observar una luz blanca que amarilla, aunque también es verdad que…

–¡Ah!, ¿y tienes algo que no te quites?

–Sí, esta pulsera de tela. (Acerca la muñeca derecha) Es un regalo de mi persona.

–Dime una gran alegría de este año.

–¡Terminarlo en Venezuela!

–¿Una gran decepción?

–¡Shakira!

(Risas) ¿Palabras que odias?

–Ecléctico, pseudo y onírico. También sinergia y alcance. Ah, y motivación, inconsciente y madurez. En fin, odio la jerga pretensiosa, corporativa y psicológica. Reconozco que he juzgado a personas en primeras impresiones por usar estas palabras.

(Risas) ¿Y qué determina que una persona te caiga bien en una primera impresión?

–Es como emocional. Busco la energía. Me cae bien quien física y emocionalmente parezca sincero, abierto y cálido. Amo conocer gente habladora y comunicativa. Me encanta la gente que de alguna manera confía y busca empatizar. Es difícil de explicar.

–Creo entenderte (sonríe) ¿características recientemente descubiertas?

–De hecho, he descubierto mucho de mí últimamente. Siempre he sabido que soy como radical, pero no sabía que era tan determinista. A veces no veo tintas, no admito opciones. Otra cosa recientemente comprendida es mi desconocimiento y desinterés por el mundo real, por el día a día, por las noticias. Son cosas graves…

–Uy, ¿y algo positivo?

–He sentido que di un salto de penosa a osada. Ah, y creo realmente haber desarrollado algún tipo de inteligencia emocional. ¡Realmente me llena de alegría seguir descubriéndome!

–Dentro de los cambios, ¿qué permanece?

–Lo más arraigado: mi impulsividad, mi determinismo, mi rechazo a los cambios, mi capacidad para enrollarme, mi indiscreción y mi no tan aguzado sentido común. Pero también, por suerte, mi pasión, mi idealismo, mi afán por promover el bien y mi deslumbramiento con la verdad y el mundo.

–Por último, ¿un sueño?

–EL (entonación nítida) sueño es ver a mi familia y mis amigos felices, despertar cerca de Robi y comer papas fritas para siempre.

Se inclinó para levantarse y, ya de pie, su primer paso incluyó a ambas; a la que preguntaba y a la que respondía, a la infantil y a la reflexiva, a la creativa y a la impulsiva, a la dulce y a la apasionada… En ese instante, sonrieron. En el siguiente, también.

Retrospectiva

Duodécima pauta
Tema: "Cómo mataron a Riera"
Link original en Letras a litros


(Desde Noelia De Paoli )

Todo inició en Tierra de nadie.

Lo veo a lo lejos y me alegro. No demasiado, pero bastante. Alzo la mano para saludarlo e invitarlo a acercarse. Viene, de hecho, pero lo primero que me dice es: "Mija, cómo te creció ese cabello, ¡de la nada!".

"De la nada". Meses debajo de estas hebras esperando que la pollina cubra mis ojos, pero no. Eso no es nada. Una gastadera en cortes de puntas, para na-da.

Esto, sin profundizar en el "mija", sembró algo dentro. Algo que encontró el modo de brotar libremente.

Fue en la marcha por apoyo a la Ley Orgánica de Educación. Una vez más, ingenua, lo veo y voy a saludarlo pero ¡oh, my god!, step back, ¡the star is near!: Leo estaba siendo entrevistado. Mi vista también lo entrevió, eso sí.

Me limité a escuchar las respuestas hasta que me aburrí. Entonces lo miré a él, el otro. Identico. Otro Leo Riera, pero ¡wow! con un arma apuntando al clon. Fue surreal y alucinante. Rápido e inesperado.

Y bueno... Uno ha empujado y presionado muchos objetos con los dedos a lo largo de la vida, ¿no? Pastas de dientes, goteros, tapitas de perfume, ¿no? Pues ese día, viendo a Riera apuntando a Riera algo se detonó metafóricamente que me motivó a detonar físicamente. Me refiero a sus palabras: "No se puede matar al que yace muerto".

Fue más de lo que mis oídos podían soportar. No tenía sentido. Había dos de ellos, pero simplemente se mezcló todo: su "de la nada", su divismo, sus respuestas, su premonición de yacer muerto, su, ajá, sí, todo y simplemente tuve que hacerlo. Presioné los dedos de Riera ubicados en el gatillo y vi cómo el otro Riera cumplió con su sentencia.

De yacer, ¿pero muerto? Cielos, yo no quería, jamás lo hubiera hecho de no haber sido por esa conjunción extraña de acontecimientos. Es horrible, ¡nunca lo haría!, ¡no quería hacerlo! ¡jamás desee hacerlo! Um, bueno, quizás no jamás, pero nunca en serio. O quizás tampoco en broma. Quizás sí lo deseé algo más que un poco. Quizás algo dentro desesperaba por hacerlo. Quizás lo desee tanto que no hubo clon de Leo, quizás siempre fui yo quien lo apuntó hasta que el arma se hizo pesada y mis oídos se cansaron.

Y cuando me cansé me casé con un destino. Tras aquel ligero y pecador empujón de mis dedos, las sensaciones desfilaron a mi alrededor. La gente gritó, aunque no de euforia por verme. Todos se aproximaron a mí, aunque no por autógrafos. Y entonces sonó una sirena, pero no la del estrellato ni la de de la ambulancia que rescataría a algún fan conmocionado. No. De pronto estoy acá, precisamente acá, y pienso en "mijo" y en mí, ja. Ja.

Anhelosofía

Undécima pauta
Tema: "Amor en tiempos de caos"


Cuenta la leyenda que antes, hace tanto ya, la verdad corría despreocupada entre los hombres. Se paseaba por las plazas susurrando trozos de sí y regalando asombro y conocimiento.

Cuentan que era parte de la sociedad y se la valoraba por lo que era. No por lo que ofertaba, por banderas ideológicas o por fines adicionales.

Eso fue antes. Antes de que los matemáticos la redondearan, antes de que los científicos la edulcoraran, antes de que los comerciantes la compraran y la vendieran, antes de que las marcas la disfrazaran y de que los medios la manipularan y la sometieran.

Antes de que la devoraran. Antes de que la alcanzara el escepticismo y la carcomiera el relativismo.

Antes de todo esto ella nos amaba y nos dejaba aprehenderla y nosotros, dichosos, vivíamos con ella y por ella.

La leyenda predica que a pesar de nuestro reino de mentiras aceptadas y de versiones infinitas, la verdad nos extraña y está dispuesta a perdonarnos. Quienes esto conocemos confiamos porque la hemos oído cantar y sabemos que es capaz de gritar hasta hacernos despertar.