Duodécima pauta
Tema: "Cómo mataron a Riera"
Link original en Letras a litros


(Desde Noelia De Paoli )

Todo inició en Tierra de nadie.

Lo veo a lo lejos y me alegro. No demasiado, pero bastante. Alzo la mano para saludarlo e invitarlo a acercarse. Viene, de hecho, pero lo primero que me dice es: "Mija, cómo te creció ese cabello, ¡de la nada!".

"De la nada". Meses debajo de estas hebras esperando que la pollina cubra mis ojos, pero no. Eso no es nada. Una gastadera en cortes de puntas, para na-da.

Esto, sin profundizar en el "mija", sembró algo dentro. Algo que encontró el modo de brotar libremente.

Fue en la marcha por apoyo a la Ley Orgánica de Educación. Una vez más, ingenua, lo veo y voy a saludarlo pero ¡oh, my god!, step back, ¡the star is near!: Leo estaba siendo entrevistado. Mi vista también lo entrevió, eso sí.

Me limité a escuchar las respuestas hasta que me aburrí. Entonces lo miré a él, el otro. Identico. Otro Leo Riera, pero ¡wow! con un arma apuntando al clon. Fue surreal y alucinante. Rápido e inesperado.

Y bueno... Uno ha empujado y presionado muchos objetos con los dedos a lo largo de la vida, ¿no? Pastas de dientes, goteros, tapitas de perfume, ¿no? Pues ese día, viendo a Riera apuntando a Riera algo se detonó metafóricamente que me motivó a detonar físicamente. Me refiero a sus palabras: "No se puede matar al que yace muerto".

Fue más de lo que mis oídos podían soportar. No tenía sentido. Había dos de ellos, pero simplemente se mezcló todo: su "de la nada", su divismo, sus respuestas, su premonición de yacer muerto, su, ajá, sí, todo y simplemente tuve que hacerlo. Presioné los dedos de Riera ubicados en el gatillo y vi cómo el otro Riera cumplió con su sentencia.

De yacer, ¿pero muerto? Cielos, yo no quería, jamás lo hubiera hecho de no haber sido por esa conjunción extraña de acontecimientos. Es horrible, ¡nunca lo haría!, ¡no quería hacerlo! ¡jamás desee hacerlo! Um, bueno, quizás no jamás, pero nunca en serio. O quizás tampoco en broma. Quizás sí lo deseé algo más que un poco. Quizás algo dentro desesperaba por hacerlo. Quizás lo desee tanto que no hubo clon de Leo, quizás siempre fui yo quien lo apuntó hasta que el arma se hizo pesada y mis oídos se cansaron.

Y cuando me cansé me casé con un destino. Tras aquel ligero y pecador empujón de mis dedos, las sensaciones desfilaron a mi alrededor. La gente gritó, aunque no de euforia por verme. Todos se aproximaron a mí, aunque no por autógrafos. Y entonces sonó una sirena, pero no la del estrellato ni la de de la ambulancia que rescataría a algún fan conmocionado. No. De pronto estoy acá, precisamente acá, y pienso en "mijo" y en mí, ja. Ja.