Yo tenía una amiga un poquito mayor que yo

Por la Ate 

No la conocí de niña, cuando las arrugas aún no surcaban su cara y cuando sus cejas y su pelo eran todavía color café. No la conocí entonces, pero me figuro que aunque la obligaban a usar esos vestiditos tiernos en los que no se hallaba en lo absoluto, lograba ser igual una niña chascona y desentendida de la estética y lo femenino. Casi la veo volteando los ojos, aburridísima, cuando sus amigas contemporáneas hablaban de muñecas, cocina o costura. Creo además que sería demasiado orgullosa y obstinada para reconocer que harto más le atraía jugar a la pelota con los vecinos del barrio.

En el colegio me la imagino exageradamente transparente y comunicativa con sus preferencias: hasta el vendedor de dulces sabría qué profesores ama y qué tantos otros aborrece. Me la imagino determinada y terca. Creo que le habría hecho la vida imposible al profe de matemática y que un par de veces le habrá sacado la lengua en clase. En cambio me la imagino atentísima y alzando la mano para participar en la clase de lengua y literatura. Me la imagino de lo más entretenida en las clases de inglés con su british accent y en los otros cursos irrelevantes para ella me la imagino mirando por la ventana, escudriñando a la vez que bendiciendo la copa de un árbol que se ve desde la sala. Creo que ella sabría perfectamente cuánto faltaba para que sus hojas cambiaran de coloración y sabía cómo mutaría la textura de las hojas que estaban por saltar al mundo, sabía cuánto faltaba para que su amigo árbol se quedara pilucho y dejara ver lo que hay detrás.

Me la imagino egresada del colegio decidida a ser una mujer informada e ingeniosa, a ser más que la señora de alguien. Eso creo porque así me parece que fue. Con sus hijos me la imagino eminentemente práctica. No creo que se desviviera cuando le mostraban una prueba con un 7, ni que se deprimiera por un 1. Creo que era dura y clara para poner orden y que la casa funcionara.

Luego ya no me imagino, sino que recuerdo. Aún no era mi amiga, era solo mi "abuela latera" cuando me molestaba para que no me ensuciara con los perros o cuando me decía que ya está bueno de coca cola, pues me encontraba bien pasadita de peso. Aún no era mi amiga cuando vivíamos en países distintos.

Cuando llegué a su tierra desde la primera semana algo se selló entre nosotras. Ella contaba conmigo y yo contaba con ella. Como tenía 67 años más que yo, la verdad es que no conocí a mi abuela de niña, ni la vi en el colegio, por supuesto no estuve en su primer matrimonio, pero lo importante son estas tres cosas: que su hijo menor es mi papá, que su amor y el mío se llaman igual; Roberto, y que su forma de ver la vida es ahora un poquito parte de la mía.


Compartimos poco pero lo suficiente para saber que aunque nunca le dije que era mi amiga, ella lo sabía. Aunque nunca le agradecí su estable compañía y cariñosa e inteligente conversación durante mis primeros años en Chile, yo creo que ella sabe mi sentir. Ella tampoco me dijo ciertas cosas, pero yo las siento. Esas cosas son así, yo sé que sabemos.

INCO, Lo incompleto e inservible

16 de abril de 2014


Hablo de la interminable arrechera por la gente que hace las cosas a medias. Así funcionan estos sujetos, por alguna razón su chueco engranaje pasa por esta (i)lógica: Te piden una cosa, pero tú sabes por qué lo necesita, sabes cuál es la inquietud de trasfondo. Puedes al tiro enviar los insumos para calmar sus dudas, pero no, decides enviar exacta y únicamente lo que te pidió. El necesitado puede que no atine a pedir otro insumo. Tú, que eres facilitador de la información, lo archivas, privándolo del mundo y dejando a la persona con sus problemas.

Son tantas las veces en que he recibido la ayuda floja, la mitad de la ayuda. Pido algo y me mandan al. Qué pasó con go. Me quedo con al, pero sin algo. O sea, con nada. La media ayuda que no ayuda. Qué lástima que no haya una palabra menos plena que "gracias", un medio agradecimiento para esas personas mediocres que nos obligan a ser mediocres porque no sabemos qué no sabemos o insistentes. No gracias a respuestas medianas. 

EGO

15 de abril de 2014

ísta
céntrico
latra

El centro de la latra es la difícil ísta.

Es un poco tonto

Soy de las que organiza el escritorio de la computadora antes de hacer algo latero, fastidioso, como esos típicos temas pendientes e interminables.


Cuestionable

C u e s t i o n a b l

De la impersonal gentileza de dejar un diario leído disponible


Para el que está aburrido, un diario abandonado es una especie de regalo especial. Sin su nombre ni nombre del destinatario, pero de una persona para él. El otro pudo haberlo botado, pudo haberlo llevado a casa y atesorado en una pila de noticias, pero no. Ha escogido que sus contenidos tengan otro par o pares de ojos.

Esa es una lectura. La otra es que la persona ya leyó y no quiere ni cargar ese peso a casa ni si quiera ocuparse de arrastrarlo hacia el papelero más cercano. Lo deja en el banco porque es la acción más rápida y sencilla que hay para deshacerse de un papel que ya no sirve porque las noticias ya saltaron a su memoria.

La personalización está en la recepción. Es el gesto de un alguien, tan desconocido como se puede, hacia otro alguien, que coincide con ser la persona que más se conoce, uno mismo. Desde el yo, hay un gracias silencioso. Uno callado porque no hay figura a la que agradecer y porque lo más seguro es que esta reflexión no haya existido y sea solo el la atención lo que se pone en práctica en la lectura de noticias que no son de nadie, ni de ese alguien ni mías, considerando que nunca ha llegado el censo a mi casa, nunca me han llamado por las famosas encuestas de opinión pública ni he ido a una marcha. El diario habla de un todos conceptual, pero no de mí, de la misma manera en que recibo el diario, sin ser parte del imaginario del dejador.

Partecita


"¿Estas en Chile?" es una pregunta que me recuerda lo voluble que es mi condición. Soy un ser que está o no está en un lugar físico. Que no sorprende a demasiados si vuelve o si se queda, solo generó conversación cuando se fue. Pero yo no espero sorprender, no espero volver, espero poder quedarme, para ello deseo QUERER QUEDARME.

Esta es una de esas encrucijadas. El hecho de que a uno le guste una cosa depende directamente de su experiencia y el resultado. No es algo objetivo, algo a lo cual adelantarse o si quiera tantear. El final feliz es el que declara lo feliz de la experiencia y lo buena de la escogencia.

Acá sigo, luchando por ese final y esa experiencia. Y por sus partecitas, el hoy.