De cómo Laura Vidal se montó una buena tarde en un ruidoso mototaxi, vio el conjunto y tomó una resolución
5/18/2009 01:16:00 p. m.
Publicado por Gabriela Valdivieso
Séptimo cuento para el
I Rally Metropolitano de escritores
Pauta: Texto sobre viaje en mototaxi
Pauta: Texto sobre viaje en mototaxi
A las 2 de la tarde la reflexión se resumió así: 20 mil en la cartera, a 20 minutos del inicio del examen final y a más cuadras de las que podía calcular. Preparaba su dedo para realizar cuanto evita: pedir un taxi, regatear y montarse en el vehículo de un desconocido, cuando frenó frente sí uno de la mitad de ruedas, una moto.
Amarilla, pequeña, ruidosa. Allí estaba, con su maleta amarrada con cabuya y con su letrero verde con fucsia: mototaxi. Alzó la mirada al cielo, y pareciéndole éste más azul y despejado que de costumbre, se sacudió inconscientemente la negativa inicial. Pensó en el peligro y el miedo, pero la sedujo la velocidad. Sus noes se descongelaban ante el calor del deseo de llegar a tiempo. La convenció un argumento: de todas formas haría algo atípico e inseguro, entonces, ¿por qué no escoger la opción que garantizara su objetivo, sacrificando por ello un poco de calma?
Dado el silencio de su mente, a pesar del pánico de sus rodillas, se lanzó a la aventura. Imaginaba que la transacción era más pintoresca, pero no:
–¿Cuánto para la Monteávila, por Boleíta Norte?
–25, mami.
–¿Pueden ser 20?
–23.
–Um, no, gracias, disculpe.
–Vale, 20.
Quería titubear, pero se montó con rapidez. Encontró donde descansar sus pies y, casco endeble puesto, la moto arrancó. Cuanto sentiría Laura desde ese momento distorsionaría sus miedos y sus convicciones, disminuyéndolas al nivel del piso sobre el cual las ruedas giraban sin pausa.
La abofeteó el viento, la acarició el sol, la toquetearon las cornetas y los silbidos. Allí, sobre el estrecho vehículo, el mundo era otro. Nada en común con los viajes en camionetica o en el carro de su vecino, nada. Sin techo, sin piso, sin más parachoques que ella misma, sus ojos percibían nuevos fotogramas. Sin paredes, la realidad le abrió caminos, las barreras desaparecieron.
Captó por ósmosis la visión global: ante su existencia interactuaban los centenares de carros paralizados, fiscales distraídos, transportistas desesperados, hombres que arrojaban basura, mujeres que cruzaban las calles, mecánicos tomando cerveza, panaderías cerradas, el pordiosero, el semáforo dañado, los animales muertos, las hojas que caen, las pisoteadas sobre las alcantarillas sobresalientes. Más aún, en un instante irrepetible percibió el ritmo frenético caraqueño, el estrés burbujeante de la sociedad de la cual es parte.
Ante las revelaciones, su corazón latía más rápido que el vehículo zigzagueante, sus neuronas trabajaban más velozmente que lo lento que se movía el resto del mundo. La barriga del hombre se constreñía dolorosamente con los dedos punzantes de una Laura desesperada por captar todos los estímulos, por atrapar la multiplicidad de elementos encerrados en un instante.
Con los ojos y el alma bien abiertos, penetró en ella la sinergia en la que participaba. Hormiguita de hormiguero, volaba para llegar a un destino físico, tan limitante, tan empequeñecido ante sus reflexiones. De pronto, la banda sonora que cobijaba sus ensoñaciones enlenteció sus notas, se acompasó al mundo real, se silenció hasta detenerse.
"Listo, ¿es acá no?", escuchó con claridad. Allí estaba su pobre objetivo: el edificio, el examen, el 20 que la esperaba. Ante la imposibilidad de hacer cosa diferente, descendió hacia la monotonía. El hombre esperaba algo, recordó, sacó el billete y se lo dio. "Dale mami, conserva esto", y le hizo entrega de una tarjeta negra. El hombre giraba mientras Laura leía: "Luis Soto, Cooperativa de Mototaxis – Los Ángeles de Chacao".
Iluminada, pronto retomó el ánimo. Guardó rápidamente la tarjeta delante de su cédula y tomó la resolución: Ahorrar para ¡no hay porqués que valgan! ser multiplicadora de su experiencia, salirse de la vida mal entendida y vivir en la energía; ser, pues, conductora de las veloces avispas caraqueñas.
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