Escrito alrededor del año 2006

- Es 24 de diciembre, todo el mundo pasa el día en sus casas, normal, ¿no? digo, la gente puede terminar de comprar un regalo a última hora, retirar algún dinero o arreglarse en la peluquería, pero no mucho más allá ¿sí me entienden?
- En realidad no, traduce. - espetó Alberto.
- Pues que el 24 no se espera que alguien pase horas en el gimnasio, intente arreglar algo complejo o haga alguna tarea que puede esperar unos días, ¿no? ¿estoy equivocada?
- Bueno, pero ¿qué pasó? - interviene Carla.
- Es que es ¡tan in-creíble que merece un preámbulo inmenso! - ante las caras de sus amigos agregó - pero bueno, puedo resumir. La cosa es pues así: acabo de terminar de atender a un cliente, son casi las tres y media, falta poco para salir corriendo y olvidarse de todo cuando de pronto entra al banco una chama. Parecía normal, unos veinte años o por ahí, alta e insisto, normal. Uno piensa que está ahí semi obligada o con una diligencia menor que cumplir antes de ir a rumbear, ver a sus amigos o qué se yo, ¿lógico, cierto? ¡pues no! La chama me ve desocupada y se aproxima justo a mí. Me hago la loca, deseando que vaya con Freddy o algo, pero de nuevo, no. "Hola buenas" me dice. Devuelvo el saludo y me lanza la frase "Hola... vine con mucho sencillo, ¿puedo cambiarlo con usted o puede remitirme a una persona que pueda ayudarme?". Por su puesto que, en concordancia con las leyes de Murphy, justo el día anterior se llevaron las máquinas para contabilizar monedas.

- ¿Qué?, ¿te tocó hacerlo manual? Espera espera, ¿de cuánto estamos hablando?
- Em, depende, ¿cómo quieres saberlo? ¿En toneladas de peso, en billones de bolívares o quizás en los días que pasé contando?
- Dejemos que siga, Carla.
- Ok ok, recién dicha la frasecita se ocupa Freddy y Mariela sigue atendiendo a un señor ahí. No hay escapatoria, sea lo que sea me tocaba a mí. Le digo "Bueno, sí, yo misma, ¿cuánto es? ¿lo ha contabilizado?", me pasa una lista escrita en computadora con los montos e, ilustrando el documento, me responde "¡Oh, por supuesto! Todo está meticulosamente contado. Las monedas están separadas según su valor y...”
- Espera, Lu, pierdes credibilidad, ¿dijo "oh" y "meticulosamente"?
- Bueno, no sé, pero si no lo dijo, pudo haberlo dicho perfectamente. Tenías que estar ahí, fue increíble. Me explico; alza con cuidado su bolso sobre la taquilla y extrae una inmensa bolsa contenida por ¡millones de micro bolsas de distintos colores y tamaños! Desprende un delicado nudo y empieza a explicarme mientras saca las bolsas. "En este paquete están las monedas de 500, en la azul las de 100, en la verde las de 50, en la negra las de 20 y en la rosada las de 10. Me tomé la libertad de guardar en bolsas internas pequeñas sumas para facilitar las cuentas." Escéptica, inicié.
- ¿Y? ¿qué tal?
- ¡Carla!
- La precisión más absoluta. Tanto el gran paquete como los micro paquetes, los subpaquetes y los paqueticos contenían lo que decían las bolsas y la lista. Nunca he visto algo así.
- Venga, después de todo facilitó el trabajo.
- Pero ¡vaya trabajo!, En total fueron doscientos cincuenta mil.
- Wow, ¿y cero errores?
- Casi. Por ahí hubo una semi confusión. Según mi cuenta faltó una moneda de veinte para cumplir los 20.000 -porque esa es otra, todas las cifras eran redonditas, ¡pulcras!-. Me dispuse a reiniciar la cuenta cuando me interrumpe y me dice "Oh -bueno, no sé si dijo "oh" o no-, no se preocupe, preví que faltara alguna de veinte de ese paquete particular". Abrió un inmaculado monedero, me pasó el objeto metálico ¡y erradicó así el prevenido desliz!
- Pareciera que hubiese calculado el margen de error. Suena fantástico, literario casi - comentó Alberto.
- ¿Fantástico? A mí me suena mortalmente tedioso contar monedas por horas, ¿no?.
- Bueno, inicialmente sí fue fastidioso, pero luego, cuando entendí la perfección del sistema y lo engranado y organizado de su cerebro, todo pasó a ser, más que tedioso, onírico. Como dice Al, fantástico. No, miento, ¡surreal!
- Creo que exageran, ¿no dijiste que parecía una chama normal? Quizás es sólo obsesiva con el orden, estudia que si administración y disfruta contar.
- Nada que ver. Normal no es, creo que se camufla para parecerlo. Es como el protagonista de Una mente brillante. Debe percibir números y fórmulas en carros, canciones y olores. Quizás la realidad para ella es un conjunto de datos que únicamente su cerebro capta, conjuga e interpreta. En verdad después de ver tal despliegue de facultades, simplemente no la imagino hablando por teléfono, chateando o atándose los zapatos. Debe ser toda excéntrica siempre. Me pregunto cómo será su IQ, ¿tendrá amigos?, ¿cuántos idiomas hablará? ¿qué descubrimientos habrá hecho ya?, sobre todo, ¿creerá en Dios? En verdad quizás sea ella la próxima Mesías o deidad universal. Podría ser.
- Bah, o la próxima asesina en serie.
- O las dos. Sólo un Dios podría asesinar realmente en serie y en serio. - cerró Alberto.

Por un minuto, callaron.