Ser inmigrante es toparse una y otra vez con códigos que se desconocían. 


La ley no se anula por desconocimiento de las personas. Para el migrante la ley desconocida se sucede cada minuto y es mucho más penetrante que una ley, porque es una norma, un refrán, una palabra, un detalle. Es mucho lo que está por el piso y se entera cuando se atraviesa, no precisamente cuando se esquiva.

Ayer me enteré que en las bibliotecas los retrasos de la devolución de libros se castigan con pesos chilenos, además de con restricción para pedir libros. Así es que por cada día que pasa sin devolver el libro en extra tiempo se adeudan $500 y no se puede pedir más libros por 5 días. Hoy debo $16.000 pesos y por locuras del sistema no puedo pedir libros en 585 días.

El mismo día me di cuenta de lo barato que son los portaminas en Chile. 700 pesos un portamina Pentel. Con el cambio mental los encuentro prácticamente regalados, como me costaban a los 13 años en la proveeduría. 

Es muy raro seguir sorprendiéndose, tanto, todo el rato. Bueno y malo, divertido y frustrante, pero ante todo raro.