2010

Hasta los cielos son demarcados por el smog, mas en el metro el fin del infinito es especialmente cercano. Ves al hombre del periódico, lees el titular de la noticia que no ha leído y volteas. Pasa una ráfaga que te hace espiar confusamente las vidas que toman otra dirección y vuelves pronto a la historia a la que perteneces; al hombre y su periódico. Por suerte hay un consuelo, una pequeña alegría: al acercarte a las salidas, la escobilla de las escaleras mecánicas acariciará tu zapato y pulirá, en una subida, las puntas con que pisas.