2010

Se disponía a tornar al living con sus hijas cuando escuchó, próxima a la puerta, las pesadas: "Creo que está muy viejita, me parece que es hora de buscarle una nana para los paseos". Boquiabierta, volvió sobre sus pies y, en su pieza, decidió ir en pos de sí misma. Se buscó apresurada en labiales y sombras, en pequeñas aventuras como caminar bajo el llanto del cielo, masticar hielo y comer sopaipillas. Se reencontró finalmente al escribir cartas de amor y desamor, como hacía tanto ya, sobre aquel apuesto caballero circundante, quizás imaginario, quizás real.